
Hace poco escuche a una mujer orgullosamente decir: "Los choferes cobran bien barato –y por lo bajo dijo- ocho mil pesos mensuales. Pero el que trabaja conmigo todavía es mejor cobra 4,000. ¡Una ganga!" Muchos de nosotros envidiaríamos a esta persona por haber conseguido ese trato. A fin de cuentas todo el mundo tiene el derecho a maximizar su dinero ¿Qué no cualquiera tiene derecho a gastar menos si es posible?
En el mundo económico lo que rige nuestros destinos es que todos los individuos del mercado intentan tomar la mejor decisión al gastar su tiempo y su dinero. Compran en una tienda porque dado el servicio es más barato. Renunciamos si nos ofrecen más dinero sin pensar si nuestro patrón va a entristecerse. Corremos a las personas que trabajan para nosotros si no hacen bien su trabajo. Pagamos a nuestros empleados lo que el mercado determina: los sueldos están en tal, así que eso ofrezco.
Estos individuos egoístas son la mano invisible del mercado que Adam Smith describía. Cada uno piensa en su propio bien y ahorra y eso hace eficiente a la economía: ¡es un equilibrio! El egoísmo de cada individuo lleva a la sociedad a ser más productiva y con mejores resultados en conjunto. Desde entonces y sobre todo en el último siglo la ciencia económica ha tomado esto como uno de los postulados más importantes -incluso ni el tan “rebelde” Keynesianismo lo pone en duda porque a fin de cuentas the animal spirit es nada más y nada menos que una condición que hace que los dueños del capital puedan generar ganancias egoístamente (algo así como el colmillo).
La ética es entonces un anacronismo cuando se confronta con una ciencia como la Economía donde pensar en ti mismo y olvidarte de los demás al tomar decisiones es la causa del perfeccionamiento del sistema (a.k.a. mercado). Sin embargo nos hemos dado cuenta a lo largo de los años que este egoísmo agregado y desenfrenado no siempre tiene un final feliz como lo proponía Smith (es pertinente aclarar que este autor no pretendía crear una ciencia sin ética, simplemente creía que esto generaba un sistema muy justo cuando todos se comportaban de la misma manera, incluso tiene un tratado sobre ética llamado Teoría de los Sentimientos Morales, que dista mucho de ser una ética utilitarista).
La pobreza es una de las grandes paradojas del paradigma. ¿Si el sistema de producción/consumo es tan eficiente, entonces porqué hay quien se muere de hambre? Entonces vuelve a surgir el antiguo fantasma, ¿somos responsables de los demás miembros de la comunidad? ¿al hacer tratos económicos es necesario pensar en “el otro” a pesar de que eso disminuya mis ganancias? Planteado desde una perspectiva personal y medio cursi nadie se sentiría cómodo negando eso. Tan sólo imaginemos a alguien feliz en una reunión diciendo: “Mi chofer no puede pagar la educación de sus tres hijos porque yo conseguí un contrato con él que no le beneficia pero que a mi me hace ahorrar un montón para remodelar mi casa.” Sin duda sería blanco inmediato de la repulsión de cualquier persona que se quiera vanagloriar de ser humana. Pero si alguien presume entusiasmado que aumentó el margen de ganancia de su empresa en 5% (lo cuál se traduce en su sueldo) eficientando los recursos humanos. Cualquiera alabaría su habilidad.
¿Es entonces ridículo preguntarse por la moralidad de los actos económicos? ¿Debemos preferir un productor a otro en base a un criterio de justicia? ¿Es la pobreza nuestra responsabilidad? ¿O simplemente la economía pertenece a un campo distinto al de la ética?
En el mundo económico lo que rige nuestros destinos es que todos los individuos del mercado intentan tomar la mejor decisión al gastar su tiempo y su dinero. Compran en una tienda porque dado el servicio es más barato. Renunciamos si nos ofrecen más dinero sin pensar si nuestro patrón va a entristecerse. Corremos a las personas que trabajan para nosotros si no hacen bien su trabajo. Pagamos a nuestros empleados lo que el mercado determina: los sueldos están en tal, así que eso ofrezco.
Estos individuos egoístas son la mano invisible del mercado que Adam Smith describía. Cada uno piensa en su propio bien y ahorra y eso hace eficiente a la economía: ¡es un equilibrio! El egoísmo de cada individuo lleva a la sociedad a ser más productiva y con mejores resultados en conjunto. Desde entonces y sobre todo en el último siglo la ciencia económica ha tomado esto como uno de los postulados más importantes -incluso ni el tan “rebelde” Keynesianismo lo pone en duda porque a fin de cuentas the animal spirit es nada más y nada menos que una condición que hace que los dueños del capital puedan generar ganancias egoístamente (algo así como el colmillo).
La ética es entonces un anacronismo cuando se confronta con una ciencia como la Economía donde pensar en ti mismo y olvidarte de los demás al tomar decisiones es la causa del perfeccionamiento del sistema (a.k.a. mercado). Sin embargo nos hemos dado cuenta a lo largo de los años que este egoísmo agregado y desenfrenado no siempre tiene un final feliz como lo proponía Smith (es pertinente aclarar que este autor no pretendía crear una ciencia sin ética, simplemente creía que esto generaba un sistema muy justo cuando todos se comportaban de la misma manera, incluso tiene un tratado sobre ética llamado Teoría de los Sentimientos Morales, que dista mucho de ser una ética utilitarista).
La pobreza es una de las grandes paradojas del paradigma. ¿Si el sistema de producción/consumo es tan eficiente, entonces porqué hay quien se muere de hambre? Entonces vuelve a surgir el antiguo fantasma, ¿somos responsables de los demás miembros de la comunidad? ¿al hacer tratos económicos es necesario pensar en “el otro” a pesar de que eso disminuya mis ganancias? Planteado desde una perspectiva personal y medio cursi nadie se sentiría cómodo negando eso. Tan sólo imaginemos a alguien feliz en una reunión diciendo: “Mi chofer no puede pagar la educación de sus tres hijos porque yo conseguí un contrato con él que no le beneficia pero que a mi me hace ahorrar un montón para remodelar mi casa.” Sin duda sería blanco inmediato de la repulsión de cualquier persona que se quiera vanagloriar de ser humana. Pero si alguien presume entusiasmado que aumentó el margen de ganancia de su empresa en 5% (lo cuál se traduce en su sueldo) eficientando los recursos humanos. Cualquiera alabaría su habilidad.
¿Es entonces ridículo preguntarse por la moralidad de los actos económicos? ¿Debemos preferir un productor a otro en base a un criterio de justicia? ¿Es la pobreza nuestra responsabilidad? ¿O simplemente la economía pertenece a un campo distinto al de la ética?